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9 septembre 2012 7 09 /09 /septembre /2012 13:00

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Cuando repaso las centenas de páginas de este blog, veo que bueno, es un follón total! Lo que empezó siendo un lugar de reflexiones sobre mi nueva vida en Barcelona, mí vista de la sociedad española, y catalana, se desvió hacia el diario personal y un espacio donde expresar mis emociones también. Dudo de que el contenido haya sido muy interesante últimamente para el que me haya encontrado aquí pero así es. Este espacio no pretende ser de periodismo, más bien una ruta de viaje personal. Y si alguien encuentra aquí un post interesante, que bueno si sirve de algo! Empecé a escribir de muy joven, tal vez a los 8-9 años. Recuerdo con una sonrisa el día que me regalaron mi primer diario. Escribía sobre cualquier tema de mi corta vida. He conservado estos diarios en casa de mis padres en Francia, y que divertido es leerlos, que emocionante es leer las reflexiones de la niña de entonces. 

Últimamente he estado reflexionando mucho sobre la moralidad. Lo que está bien, lo que está mal. Yo, la niña de padres hippies rechazando cualquier tipo de religión, y con mis dos abuelas fervientes católicas (lo que dio lugar a situaciones tensas en la familia cuando mis padres anunciaron que no iban a bautizarnos ni a mí ni a mi hermana, creo que mi abuela paterna rechazo hablar con mis padres durante varias semanas... y bastante cómicas también cuando mi hermana y yo decíamos a mi abuelita materna que no íbamos a pasar por el altar porque qué pintaríamos ahí en una iglesia y que ella, pobre, se enfadaba de más llamándonos casi pecadoras! Teníamos siempre que desviar sutilmente hacia otro tema si queríamos acabar las comidas del viernes en su casa en paz) leí la biblia a los 11 años, versión infantil, con curiosidad. Pero sin salir convencida del tema. En la época, no entendía muy bien por qué un hombre dictaba a sus fieles seguidores lo que debían de hacer o no hacer. Y ni el por qué hacía falta plasmar por escrito en un libro sagrado principios de vida. Para luego ir a juntarse en una iglesia y rezar recitando tales principios de vida. Pues tenía la suerte, sin saberlo aún, de tener padres que si, tienen principios y valores valiosos a nivel humano y pues no sentía, ni la siento todavía, la necesidad de seguir ninguna religión. Entendí más tarde el poder increíble que tuvieron con eso las religiones sobre la sociedad durante siglos. Y que siguen teniendo en varias regiones del mundo en la actualidad. No sólo por pretender controlar a los pueblos. Un ejemplo perfecto se encuentra en la conquista de los países latinoamericanos donde los hombres de la Iglesia católica impusieron su religión ante el miedo que les procuraba el hecho de no conseguir controlar a esos pueblos indígenas que tenían costumbres tan diferentes a las suyas. Pero también para servir de excusa a unas guerras sangrientas y justificar la violencia, las matanzas, la lucha por el poder. Mucho más tarde, descubrí la fe. La única razón valida según yo, de acudir a un lugar sagrado o de querer ser fiel de una religión. No entiendo pero siempre respetaré. Creo que uno puede tener fe en su vida sin tener que "afiliarse" pero cada quien tiene pues sus creencias y si son necesarias y útiles, que bueno que sea así. 

La razón del tema anterior proviene de una conversación intensa e interesante que tuvimos ayer con un par de amigos durante las fiestas de Poblenou, que por cierto, descubría por primera vez en 9 años!!! Conocí hace poco a un chico que vivió un tiempo en un convento, decidido a tomar el hábito. Criado en una familia modesta, el padre de la parroquia donde residía ofreció hacerse cargo de sus gastos de educación si querría estudiar para ser cura. Él pues siguió esta vía y al cabo de unos años lo dejó todo. Le pregunté qué es lo que le había hecho cambiar su trayectoria o que es lo que había pasado. Me contestó con una sonrisa: el sexo. La religión católica prohibiendo cualquier tipo de encuentros carnales a sus representantes, tuvo que renunciar. De ahí, empezamos a hablar del tema. Una de nosotros estando leyendo un libro sobre el mundo sin límites de la perversión sexual, cada uno alimentaba el tema con sus ideas. Si alguien que conocí hace varios años y que vive en un país lejano, lee, por casualidad este blog todavía, recordará quizás esa intensa conversación que tuvimos alrededor del tema del intercambio, y de cuanto es difícil compartir sus propias fantasías con su pareja sin miedo a ser juzgado o rechazado. Me gusta mucho el juego, el morbo algunas veces, pero la perversión acompañada de dolor no es de mi gusto personal. En su libro llamado "Once Minutos", Paolo Coehlo aborda también el tema. Y pues, comparto bastante su opinión, expresada, a través de sus personajes. Puedes pasar por todas las fantasías posibles, caer y caer aún más profundo en las perversiones de todo tipo, explorar todas las posibilidades dadas al ser humano, aprender muchas técnicas pero al final, creo que existe algo más allá del puro placer sexual. Obvio, la química de los cuerpos es algo maravilloso, y para mi, algo imprescindible para poder tener una relación de pareja duradera. Aunque las pieles siempre acaban por caer con la edad y el paso del tiempo, mientras podamos, que bueno es disfrutar del sexo. Pero que rico, que bueno es cuando las dos personas comparten algo más que el deseo mutuo. Como podría llamar esto? Un orgasmo emocional? Me parece buena palabra. Con mis horas de vuelo, siento, sin embargo, que es difícil tener los dos al mismo tiempo. Los tuve algunas veces y no renunciaré a conocer más.

En fin, todo se trata de límites. De los límites de cada persona, limites del otro. Y de respeto. Hacia el otro y hacia sí mismo. Amén!

 

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